Sobre la cima de aquel monte descansa la justicia, de figura poco ortodoxa, andrógina, nada femenina ni exageradamente varonil, hecha completamente de hierro, oxidado, colores cobrizos y morenos, sentado sobre un trono de piedra con tallados hermosos de brazos extendidos dándose la mano de manera fraterna, la unión de dos cuerpos en uno; sus brazos descansando suavemente sobre una mesa que tiene delante de el, parece de trabajo, de ocio, de diversión, como la vida; un mallete en su mano derecha y bellas columnas de luz adornando sus lados; el es la figura de un padre eterno, el la sensación paternal de una justicia solemne y cuidadosa, el es juez y preboste, el es el sol.