—Estamos acabados —dijo Russ.
Tres hombres de vestimenta pesada entraban por la ventana. Afuera, llovía a cántaros.
—Roro está muerto, seguro.
—Calma, Russ. No podemos confirmar nada. Las comunicaciones están atascadas por los esfuerzos de guerra —respondió el segundo hombre mientras colgaba su gabardina en un gancho.
Una esfera plateada flotó desde su bolsillo derecho. Un haz rojo comenzó a secarla.
Una vez terminada, pasó la esfera a los demás para repetir la operación. Finalmente, el haz limpió las gabardinas y regresó a su lugar.
—¿Qué vamos a hacer ahora? No tenemos ningún contacto aquí para movernos —preguntaba Russ.
“Aquí” significaba Brandenburgo, en Alemania.
Ruinas funcionales resistían después de la furia divina.
La ciudad operaba como punto medio neutral entre Europa y la Rusia expandida, ahora al borde de Francia e Italia.
—Ya lo encontraremos. Es Brandenburgo —respondió el tercer hombre, mientras desmontaba su pistola y examinaba el cañón.
—Ese es el problema. Aquí nadie tiene lealtad a nadie —Russ se acercó a la ventana.
Lluvia, más lluvia, enormes cráteres, siluetas extrañas entre ruinas.
La población era escasa. Muchos preferían ocultarse, salvo necesidad.
—No por eso nos vamos a rendir. Tenemos medios —dijo el segundo hombre, sacando maletines metálicos de un clóset.
Colocó tres en el centro y abrió el primero:
Un rifle de asalto de alto calibre esperaba ser ensamblado.
—Siento que estamos entrando en terreno muy peligroso —continuó Russ, aún junto a la ventana.
Mikhael (el tercer hombre) terminó de armar su pistola, la revisó, escuchó el clic satisfactorio, y se dirigió al maletín sobre la antigua barra de cocina.
—¿Alguien ya verificó la red hoy?
—No, yo no —respondió Ross.
Sacó cigarrillos de su bolsillo izquierdo y encendió uno.
El segundo hombre chasqueó los dedos. Le lanzó la cajetilla junto con un encendedor casi vacío.
—Yo tampoco —dijo Mikhael, levantando la mano.
La cajetilla voló por encima de su cabeza.
—Y preguntas por qué no te damos granadas, Mikhael. Con esa puntería estaríamos muertos —bromeó Ross.
—Sí, sí, ya sé que soy el peor. Blah, blah —respondió Mikhael mientras ensamblaba el segundo rifle.
—Lo que sea —el tercer hombre encendió su cigarrillo y abrió el maletín.
Dentro: una computadora vieja.
Un legado de finales del siglo XX.
Division XIV la usaba por seguridad: pocos sabían usarla, y sus protocolos arcaicos eran imposibles de rastrear.
Movió una palanca: pantalla negra, letras blancas.
—¿Cuál es el usuario de hoy?
—No importa. Usa el que sea —dijo Russ sin mirar atrás.
Usó credenciales antiguas. Acceso concedido:
SISTEMA CORPORATIVO V2.14 ADVERTENCIA: TODA LA INFORMACIÓN ES CONFIDENCIAL. VIOLACIONES SERÁN CASTIGADAS CON PENA DE MUERTE.
tobias@dxiv01191280 > mail Tiene 0 correos almacenados. Tiene 1 correo nuevo. Leer? S/N > S
+++ CONFIDENCIAL +++
DE: «usuario borrado» PARA: «usuario borrado» FECHA: «clasificado» Los parámetros han cambiado. Operación Éxodo comienza inmediatamente.
=== FIN DE MENSAJE ===
Activación automática:
ADVERTENCIA: AUTO-DESTRUCCIÓN EN 300 SEGUNDOS MUEVA EL EQUIPO A UNA ZONA SEGURA
tobias@dxvi01191280 > ADMINISTRATOR COMMAND SD -T 300 -F in buffer
—Russ, Mikhael, ¡tenemos menos de cinco minutos para salir de aquí! —gritó Tobias, cerrando el maletín violentamente.
Lo arrojó dentro de un cuarto con una cubeta metálica y una regadera oxidada.
Russ recibió el segundo rifle.
Lo revisó, funcionaba.
Del clóset sacó tres maletines más grandes que los anteriores.
Usó un código numérico para abrirlos.
Dentro: chalecos tácticos con conectores integrados.
Russ se colocó uno.
Los cables, como jeringas, se insertaron en conectores ocultos en la epidermis.
Una descarga le recorrió los brazos; un leve dolor en la sien.
En su visión apareció:
- Signos vitales
- Oxígeno en sangre
- Toxicidad cercana
- Carga de batería
- KS:OK (Kill-Switch activo)
El KS era el horror.
Una bomba, activada si eran capturados.
Conectó su rifle:
WEAPON 1: CONNECTING...
XVC-50/AR OK, SINGLE, EMPTY
Lo acomodó en la espalda mediante imanes.
Luego armó su pistola:
WEAPON 2: XVC-45/P OK, SINGLE, 10/10, READY
Colocó la máscara:
Se extendió sobre rostro, cuello, hombros.
Mensajes de filtración de toxinas y reciclaje de aire comenzaron a aparecer.
—¿Cómo van, Mikhael, Tobias?
—Casi listo —respondió Mikhael.
—Igual —Tobias ajustaba cargadores.
—Dos minutos —recordó Russ.
Miró su gabardina. Descartó usarla: movilidad comprometida.
Recordó: en Brandenburgo, andar armado era común.
Pero calibre y comportamiento definían quién dominaba la calle.
—¿14 está seguro de lo que hace? —preguntó Tobias por el intercom.
—¿Qué?
—¿Está seguro 14 de lo que hace?
Russ dudó. Años de lealtad chocaban con la incertidumbre.
—Después de la traición, no nos quedan muchas opciones —respondió Russ.
Silencio.
—Listo —dijo Tobias.
—Listo —agregó Mikhael.
—Designaciones: Dragón 1, 2 y 3. Vámonos.
Salieron.
Bajaron doce pisos por las escaleras.
Saltaban peldaños.
En la visión: IMPACTO KINÉTICO. Rodillas, pies, tobillos.
Afuera, segundos después, el maletín explotó.
El departamento desapareció.
—Dragón 1, ¿cuál es nuestro objetivo? —preguntó Tobias.
—Contactar con Kathya, en el oasis de Brandenburgo.
Nombre clave: Kathya.
El identificador nos dirá quién es.
—¿Modo de combate?
—Actúen según convenga.
Estamos solos en una ciudad hostil.
Si alguno muere y alguien sobrevive, asegúrense de mandar los cuerpos a Rusia para que reciban sepultura apropiada.
No dejemos que nuestros hermanos mueran y sean olvidados.
Nunca olvidemos la traición.
—¡Nunca olvidemos la traición! —respondieron Mikhael y Tobias.