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  1. Stories/

Transgresión del Silencio

4 mins· ·
Iniciación Maestro Fallo Ritual Memoria Orden Silencio
Vicente Manuel Muñoz Milchorena
Author
Vicente Manuel Muñoz Milchorena
Cybersecurity Professional | Writer and Editor | People Person
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El horrible estruendo hizo eco por las salas, pasillos y pisos superiores del edificio.
Una serie de miradas inquisitivas, de odio y preocupación llenaron el piso inferior.
La figura—delgada, de cara fina y manos suaves—miraba con horror el plato de metal que había dejado caer, ahora cubierto de polvo sobre el suelo.

—¿El silencio no significa nada?

Las miradas se clavaron en una figura que observaba desde el segundo piso, tras una baranda de mármol con acabados dorados.
Era humano, de barba larga, cabello hasta la mitad de la espalda, con ojos de nueve iris que formaban una cruz.
Puntos marcados rodeaban sus ojos.
Vestía una túnica negra con dos rayas blancas en las mangas.
Miraba con severidad a lo que se hallaba debajo, como si lo despreciara, desviando la vista ocasionalmente hacia algo que los demás no podían ver.

—¿Por qué quebrar el orden del silencio?

—Perdón, Maestro. No fue mi intención. —Tres reverencias rápidas acompañaron la súplica.

—Tú, sobre todo tú, ya deberías saber lo mucho que me molesta la ineptitud que conduce al quiebre del silencio…

Su voz se desvaneció un instante. Sus ojos estaban concentrados en otra dimensión del momento.

—A veces me pregunto si el error es mío.

—No, Maestro. Perdone mi ineptitud. —Tres reverencias más.

La mano derecha del Maestro se extendió como garra, haciendo una moción de atracción.

—Lo que no ven de sus errores, por más pequeños que sean, son las terribles consecuencias que generan en las vibraciones que nos rodean.
¿Qué peor horror que ser atacados y devorados por algo que no podemos ver ni entender?

Cerró el puño con fuerza. Miró de nuevo a sus alumnos.

—¿Qué peor horror que fallar sin saber cómo hemos fallado, sin aprender de ello?

—Perdón, Maestro. El error fue instrucción de mi codicia y flojera.

—Explique a los demás que yo nada sé, pero todo veo.

—Mi error fue llenar el plato con todos los ingredientes necesarios para mi trabajo.
Estaba demasiado pesado, mis manos sudaban.
Eventualmente resbaló, y con él, todo el contenido de mi labor.

El Maestro descendió lentamente las escaleras.
Tras libros, mesas, hombros, y objetos extraños, los ojos observaban con miedo.
Se acercó al alumno y levantó la mano izquierda, comenzando a golpearle la frente con el dedo índice.

—¡Piensa, maldita sea, piensa!
Las instrucciones existen para evitar esto.
Mi problema no es el desperdicio del material, sino la falta de entendimiento sobre el orden de las cosas.
¡Todo existe por algo!
¡No he escrito los libros que deben leer durante cinco años para que hagan estas estupideces!

—Perdón, Maestro, yo…

Golpes más violentos con el índice cayeron sobre la cabeza del alumno.

—¡Pedir perdón no arregla nada! ¡Piensa! ¡Piensa!

El odio brotó en él… pero también el recuerdo.


Memoria: Primavera de Ingreso
#

Era primavera, hacía algunos años.
Se abrían las puertas a nuevos operarios en templos, cofradías y gremios.
Los interesados se preparaban durante el invierno para las pruebas.
Algunos gremios eran crueles; otros abiertos.
Algunos eran herméticos.

El Maestro pertenecía a quienes podían negar entrada sin motivo aparente.

El aspirante llegó a la hora indicada.
Vio la multitud, decidió esperar afuera.
No quería añadir ruido ni causar mala impresión.
Ansioso, sí, pero no desesperado.

Los aplicantes pasaban, eran negados uno a uno.
A veces, alguno entraba.
La ansiedad crecía, pero debía tener paciencia.

Cuando llegó el momento, al entrar al templo miró hacia arriba.
El Maestro lo observaba con poco interés.
Esperaba una seña. Nada ocurrió.

Segundos eternos pasaron.
Finalmente, el Maestro alzó la mano e indicó que entrara.

Conmoción.

—¿Por qué él? Otros eran mejores candidatos.

—Tengo mis razones. No toman decisiones ustedes.

—Déjalo, él sabe lo que hace —rió otro.

—Él es el que pierde, no nosotros.

—¿Es esa la palabra correcta? ¿Perder es algo malo?

—Tú más que nadie deberías saberlo. Siempre lo pierdes todo.

—El ego corrompe al ser.
Un ser corrupto no puede ejercer.
Y si no puede ejercer, ¿de qué sirve vivir?

—De nada.

El grupo entró.
Los rechazados se retiraron.
El Maestro los observó desde el balcón.

—Lo primero que deben saber es que no hay nada especial en ustedes.
No han sido seleccionados por sobresalir.
No tienen chispa.
Nada en ustedes que no se halle en los demás.

Pausa.

—El primer orden siempre es el más importante.
No son bestias.
Tienen capacidad de formar una línea recta, entrar uno por uno al templo, y dar el saludo correspondiente.

Cruzó brazos sobre el pecho.

—Corazón.

Colocó manos sobre sien.

—Mente.

Extendió ambos brazos.

—Y alma.

Ese será siempre su saludo al entrar al templo y al verme. Para lo demás, usen el saludo común.


Y así volvió al presente.
Todavía castigado, todavía dolía.
Odiaba al Maestro… pero también lo respetaba.
Si hubiera seguido las instrucciones, nada de esto habría ocurrido.
Ya entendía la lección.

—¿Cuándo va a transmutar el oro que es, Alumno? ¿Cuándo se va a convertir en lo que realmente es?

—Cuando aprenda bien los pasos que debo cumplir y me encuentre a mí mismo.

—Tengo la esperanza de ver eso en todos ustedes.

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